Maduremos para ser niños

¿Recuerdas cuando la guerra era un extraño deporte de equipo entre grupos de chicos el sábado por la tarde? Los mismos que el domingo se iban al cine y se sentaban en pandilla, murmurando y riéndose hasta que el acomodador los deslumbraba con la linterna y, en algunos casos, los sacaba de las orejas mientras Bud Spencer moldeaba cráneos o Clint Eastwood le preguntaba a algún malo si se sentía afortunado.

Evidentemente, el malo en cuestión no podía sentirse afortunado, al menos no tanto como los que recordamos aquellos tiempos, o como los que, dentro de veinte o treinta años, recuerden cómo marcaban goles de mentirejillas en el césped virtual de la videoconsola.

Happy Children Playing Kids

Sí: hablo de recuerdos porque se me ha venido a la cabeza dónde estaba yo cuando nació Eurodisney, Disneyland París, o comoquiera que se llame ahora, hizo el 12 de Abril veinte años. Y, aunque no puedo precisar el lugar exacto, sí sé que estaba en medio de la adolescencia, dura como cualquier otra, en la que tenía que fingir que era mucho mayor, como cualquier otro, y en la que debía hacer como que la ilusión era cosa de niños y que no me importaba, como un idiota.

12 de Abril de 1992

El caso es que aquel día de mediados de Abril, aunque me empeñara en no sentirlo, algo cambió en el mundo. Esa ilusión que negaba o esa magia de la que renegaba se hizo real para muchos niños, mayores e incluso para algunos que, como yo, estaban a medio camino entre lo uno y lo otro y que no les importaba tanto lo que pudieran decir de ellos.

Por suerte, ese cambio no fue flor de un día y un servidor –creo que por fortuna- siguió cumpliendo años. Ahora desde una madurez cada vez menos temprana deseo lo contrario que en 1992: quiero seguir creyendo y haciendo creer que soy joven, que no se me cae el pelo, la salud ni la ilusión.

Maduremos: seamos niños

Es por eso que me imagino cómo habría sido Disneyland París para un yo adolescente y lo comparo con lo que supone hoy para mí. Es posible que muchos piensen que un adulto sólo puede disfrutar del parque a través de los ojos de un niño al que acompañe.

Puede ser que algunos crean que eso de la magia se compra a tanto la entrada y que, pasados los doce años, Mickey es sólo un tipo disfrazado. Algunos. Los que, siendo mayores que yo, siguen viviendo mi adolescencia.

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